Atroplellando

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El periodismo es una mezcla de muchos venenos. Sin alguno de ellos no podría pasar. Por otro siento un dolor de estómago insoportable. Existen también aquéllos con la capacidad de cargar la conciencia, como si fuera un furgoneta utilizada para transportar fruta.

De toda mi actividad profesional de esta semana pasada voy a destacar una: las líneas de teléfonos móviles prepago están bloqueadas si no se identifican, si no se convierten en nominativas. Es viejo para todos. El equipo salió a la calle a cubrir la rueda de prensa convocada por FACUA. Rubén Sánchez, responsable de comunicación, estuvo esgrimiendo derechos y deberes tanto de los usuarios como de las compañías implicadas.  Como siempre sacó una novedosa perspectiva en cuyo extremo nuestra mente aún no había caído en la cuenta, seguramente porque no nos habíamos sentado a pensar expresamente en la nueva situación. Pero, sí, he de reconocer que tiene una especial intuición para esta difícil área del consumo.

En la esquina de la calle Becquer de Sevilla vimos una comercio Movistar y pedimos permiso para grabar. Nos dejaron a regañadientes. Antes habíamos convencido a un miembro del equipo de Rubén para hacer de actriz en una breve simulación, un recurso habitualmente utilizado en televisión. Entramos y casi sin preguntar grabamos a la gente usuaria del negocio. Primer atropello. La falta de tiempo, aunque importante, no es excusa.

El un Telecor nos dijeron que no podían dar permiso para grabar porque necesitan consentimiento expreso del área de relaciones públicas y marqueting de la empresa. Algo hasta cierto punto normal. Insistí hasta provocar una llamada urgente al jefe. Al final logramos grabar. Segundo atropello. La falta de previsión fue la culpable. Si antes de ir hubiéramos contactado con ellos y hubiéramos pedido permiso, seguramente estas situaciones no se hubieran dado.

Finalmente nos dirigimos calle abajo hasta un punto de venta de Vodafone. Y ocurrió lo mismo. Entramos como una tromba de agua queriendo grabar a todo el mundo. Tercer atropello.

Por falta de tiempo y de previsión, lo cierto es que los periodistas llegamos buscando noticias atropellando. Me incluyo en el ejercicio de reflexión que todos deberíamos hacer para frenar esta rutina. Dejemos de atropellar. Nadie a quien vayamos a entrevistar tiene la culpa de la falta de tiempo, la imprevisión o el estado de ánimo del periodista.

Como dice el escritor Wiedersheimi, “todo lo que nos atormenta tiene un paraguas”.

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